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December 13 2011

21:11

Cambio de enfoque

sengeCuando preguntamos a la gente qué se siente al formar parte de un gran equipo, nos llama la atención el peso que se atribuye a esa experiencia. Las personas se sienten parte de algo mayor que sí mismas, tienen la sensación de estar conectadas, de ser generativas. Para muchas personas, la experiencia de formar parte de grandes equipos sobresale como un período singular y plenamente vivido. Algunas pasan el resto de sus vidas buscando maneras de recobrar ese espíritu.

En la cultura occidental, la palabra más precisa para describir lo que sucede en una organización inteligente, una organización que aprende, es un vocablo que no ha gozado de gran difusión en los últimos cien años. Es una palabra que empleamos desde hace años en nuestra tarea con organizaciones, aunque siempre aconsejamos no usarla abusivamente en público. La palabra es “metanoia”, y se puede traducir por desplazamiento mental o cambio de enfoque, tránsito de una perspectiva a la otra.

Tiene una rica historia. Para los griegos, significaba un desplazamiento o cambio fundamental; más literalmente, trascendencia (meta, por encima o más allá, como en “metafísica”) de la mente (noia, de la raíz nous, “de la mente”). En la tradición cristiana temprana (gnóstica), cobró el sentido específico de despertar la intuición compartida y conocimiento directo de lo más elevado, de Dios. “Metanoia” era quizás el término clave de los cristianos primitivos como Juan el Bautista. En el corpus católico, la palabra metanoia se tradujo eventualmente como “arrepentimiento”.

Captar el significado de “metanoia” es captar el significado más profundo de “aprendizaje”, pues el aprendizaje también supone un decisivo desplazamiento o tránsito mental.

El problema de hablar de “organizaciones que aprenden” es que “aprendizaje” ha perdido su significado central en el uso contemporáneo. La mayoría de la gente pone ojos vidriosos cuando se habla de “aprendizaje” u “organizaciones que aprenden”. Es natural, pues en el uso cotidiano aprendizaje ha pasado a ser sinónimo de “absorción de información”. “Sí, en el curso de ayer aprendí todo sobre ese tema.” Sin embargo, la absorción de información dista de constituir el verdadero aprendizaje. Sería descabellado decir: “Ayer leí un gran libro sobre ciclismo. Ahora he aprendido cómo es”.

El verdadero aprendizaje llega al corazón de lo que significa ser humano. A través del aprendizaje nos re-creamos a nosotros mismos. A través del aprendizaje nos capacitamos para hacer algo que antes no podíamos. A través del aprendizaje percibimos nuevamente el mundo y nuestra relación con él. A través del aprendizaje ampliamos nuestra capacidad para crear, para formar parte del proceso generativo de la vida. Dentro de cada uno de nosotros hay un hambre profunda por esta clase de aprendizaje.

Como dice Bill O’Brien, de Hanover Insurance, para los seres humanos el aprendizaje es “tan fundamental como el impulso sexual”.

Este es pues el significado básico de “organización inteligente”, una organización que aprende y continuamente expande su capacidad para crear su futuro. Para dicha organización, no basta con sobrevivir. El “aprendizaje para la supervivencia”, lo que a menudo se llama “aprendizaje adaptativo” es importante y necesario. Pero una organización inteligente conjuga el “aprendizaje adaptativo” con el “aprendizaje generativo”, un aprendizaje que aumenta nuestra capacidad creativa.

Audaces pioneros señalan el camino, pero gran parte de este territorio aún permanece inexplorado.

Seleccionado por Andrés Ubierna de La quinta disciplina de Peter Senge.

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December 11 2011

21:11

Más de lo mismo

borrachoEn su libro El arte de amargarse la vida Paul Watzlawick nos describe una de las dinámicas que utilizan aquellos que aspiran a una vida desdichada, aunque digan lo contrario. Veamos lo que nos cuenta:

Un borracho está buscando con afán bajo un farol. Se acerca un policía y le pregunta qué ha perdido. El hombre responde: «Mi llave.» Ahora son dos los que buscan. Al fin, el policía pregunta al hombre si está seguro de haber perdido la llave precisamente aquí. Éste responde: «No, aquí no, sino allí detrás, pero allí está demasiado oscuro.» ¿Le parece a usted absurda la historieta? Si es así, busque usted también fuera de lugar. La ventaja de una tal búsqueda está en que no conduce a nada, si no es a más de lo mismo, es decir, nada. En estas pocas y simples palabras, más de lo mismo, se esconde una de las recetas de catástrofes más eficaces que jamás se hayan formado sobre nuestro planeta en el curso de millones de años y que han llevado especies enteras de seres vivientes a la extinción. Se trata de un ejercicio con el pasado que ya conocieron nuestros antepasados en el reino animal antes del sexto día de la creación.

A diferencia del mecanismo anterior que atribuye la causa y la culpa a la fuerza mayor de unos sucesos pasados, este ejercicio cuarto se basa en el aferrarse tercamente a unas adaptaciones o soluciones que alguna vez fueron suficientes, eficaces o quizás las únicas posibles. El problema de toda adaptación a unas circunstancias determinadas no es otro que éstas cambian. Entonces es cuando empieza el ejercicio.

Está claro que ningún ser viviente puede comportarse con desorden -es decir, hoy así y mañana de un modo totalmente distinto- en su medio ambiente. La necesidad vital de adaptarse conduce inevitablemente a la formación de unos modelos de conducta que tienen como objetivo conseguir una supervivencia lo más eficaz y libre de dolor posible.

Pero, en cambio, por unos motivos todavía enigmáticos a los mismos investigadores de la conducta, animales y hombres tienden a conservar estas adaptaciones óptimas en unas circunstancias dadas, como si fueran las únicas posibles para siempre. Ello acarrea una obcecación doble: primero, que con el paso del tiempo la adaptación referida deja de ser la mejor posible, y segundo, que junto a ella siempre hubo toda una serie de soluciones distintas, o al menos ahora las hay. Esta doble obcecación tiene dos consecuencias: primera, convierte la solución intentada en progresivamente más difícil; y segunda, lleva el peso creciente del mal a la única consecuencia lógica aparentemente posible, esto es, a la convicción de no haber hecho todavía bastante para la solución del mal. Es decir, se aplica más cantidad de la misma «solución» y se cosecha precisamente más cantidad de la misma miseria.

La importancia de este mecanismo para nuestro propósito [de amargarnos la vida] es evidente. Sin necesidad de recursos especializados, el principiante puede aplicarlo; en realidad está tan difundido que ya desde los días de Freud va ofreciendo buenos ingresos a generaciones de especialistas; de todos modos queremos observar, de paso, que ellos no lo llaman «receta del más de lo mismo», sino neurosis.

Pero lo importante no es el nombre, sino el efecto. Éste está garantizado, mientras el aspirante a la vida desdichada se atienda a dos normas sencillas:

  • Primera, no hay más que una sola, posible, permitida, razonable y lógica solución del problema, y si estos esfuerzos no consiguen el éxito, ello sólo indica que uno no se ha esforzado bastante.
  • Segunda norma, el supuesto mismo de que sólo hay una solución no puede ponerse nunca en
    duda; sólo está permitido ir tanteando en la aplicación de este supuesto fundamental.

Selecionado por Andrés Ubierna

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June 28 2011

22:11

Cómo impacta una sóla palabra

cambiarLa reestructuración de los modelos mentales es una de las técnicas más sutiles que puede utilizar un coach para ayudar al coachee a modificar su marco de observación para que logre encontrar nuevos cursos de acción (insospechados desde su marco perceptivo original) mucho más efectivos en pos de su objetivo de aprendizaje.

Tomando la premisa de que no vemos al mundo como es sino como somos, la realidad experimentada por un sujeto está condicionada por el punto de observación desde el cual el sujeto mira el mundo que le toca; si este punto de observación cambia, cambia también la misma realidad que el sujeto percibe y experimenta. Por eso afirmamos que hay puntos de observación más efectivos que otros.

Al reestructurar una idea o concepción, no se pone en discusión dicha idea o concepción, sino que se proponen diversos recorridos lógicos y diferentes perspectivas de enfoque sobre esa idea o concepción. No se busca cambiar el contenido del cuadro, sino sólo su marco, pero cuando el coachee logra cambiar el marco, comienza a experimentar un nuevo cuadro.

El arte de la reestructuración como técnica no es ni nueva ni menos un descubrimiento propio del coaching. De hecho, era una estrategia bien conocida en el ámbito de la retórica clásica, y practicada sobre todo por los sofistas que eran maestros en maniobras verbales reestructurantes.

Una de de las posibles formas de trabajar la reestructuración es introducir la duda en una argumentación. Como bien lo afirma Newton Da Costa, profesor emérico de lógica de la Universidad de Sao Paulo en Brasil: “para que una persona cambie de opinión, resulta mucho más eficaz proponer dudas en su lógica, que demostrar de una manera cabal y lógico-racional la inexactitud o disfuncionalidad de sus ideas o comportamientos”. La duda moviliza la entropía del sistema, produce una lenta y devastadora reacción en cadena, que puede llevar al cambio del sistema mismo.

La demostración experimental de cómo pueden cambiar las percepciones, interpretaciones y respuestas de un sujeto a determinadas circunstancias, no actuando directamente sobre el significado racional asignado por el sujeto a ciertas cosas, sino utilizando formas de reestructuración, se originaron en investigaciones de la psicología social.

La demostración experimental más eficaz de cómo, en efecto, ciertas construcciones comunicativas poseen una fuerza explosiva de cambio en los comportamientos, proviene de un experimento llevado a cabo por E. Langer, mientras era profesora de psicóloga en la Universidad de California.

En una cola de espera para hacer fotocopias en la biblioteca, el pedido, por parte de una estudiante, de que se le permita no respetar el orden de la fila produjo efectos diferentes según la forma en la que formulaba dicho pedido:

“Perdona, tengo cinco páginas. ¿Puedo usar la fotocopiadora? Porque tengo mucha prisa.” La eficacia de esta forma de pedir -con- explicación fue casi total: 95% de los interpelados le dejaron pasar delante en la fila.

Comparen este porcentaje de éxitos con los resutlados de pedir así:

“Perdona, tengo cinco páginas. ¿Puedo usar la fotocopiadora?” En este caso, consiguó sólo el 60% de respuestas afirmativas.

A primera vista parece que la diferencia decisiva entre las dos formulaciones consiste en la información añadida contenida en las palabras “porque tengo mucha prisa”. Pero una tercera fórmula experimentada por la profesora Langer demostró que las cosas no eran exactamente así: Parece que lo que constituía la diferencia no era la serie entera de palabras con sentido explicativo completo, sino sólo la primera palabra: “porque”. En vez de dar una verdadera justificación, la tercera formulación se limitaba a usar la palabra “porque” sin añadir nada nuevo:

“Perdona, tengo cinco páginas. ¿Puedo usar la fotocopiadora? Porque tengo que hacer fotocopias.” En este caso el resultado fue que el 93% dieron su consentimiento aun cuando no había ninguna información nueva que explicase los motivos del pedido.

Tan solo una palabra, “porque”, lograba desencadenar un determinado comportamiento afirmativo por parte de los sujetos de Langer, aunque detras de la palabra “porque” los sujetos no recibieran ninguna razón particularmente decisiva.

Este experimento muestra a las claras que es posible lograr que las personas reaspondan de manera diferente mediante una reestructuración para nada lógica o racional. También demuestra el poder propio y la efectividad de ciertas formas del lenguaje para sortear resistencias y convicciones lógico-racionales.

La reestruturación no es un método directo de atribuir significados o interpretaciones, sino una técnica para que un sujeto logre dar fluidez a los barrotes de la lógica de su modelo mental preexistente que lo mantienen enjaulado en una cierta experiencia de la realidad, impidiéndole descubrir nuevos caminos para perseguir su propósito.

Por Andrés Ubierna, con selección de ideas y parafrases de L’arte del cambiamento, de Giorgio Nardone y Paul Watzlawick.

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