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July 10 2011

22:11

La ilusión del liderazgo a un click de distancia

Con frecuencia, al comenzar mi trabajo con un grupo de ejecutivos en el desarrollo de sus competencias de liderazgo, me encuentro con sus deseos de mejoras rápidas, con anhelos de cambios que, según ellos, deberían provenir de las figuras de máxima autoridad, con fantasías vinculadas a la incorporación casi automática de nuevas perspectivas y habilidades de conducción, con solicitudes de tips que funcionen en forma inmediata, con expectativas de que les provea de fórmulas cuasi mágicas que al aplicarlas a su realidad cotidiana todo funcionaría mejor…

Sin embargo, desconozco la manera de lograr mejoras sin asumir costo alguno. En general, el funcionamiento de un sistema empeora antes de mejorar, así como la optimización del funcionamiento del sistema en su conjunto implica la suboptimización de alguno de sus componentes.

Pero es natural que muchos deseen que las cosas mejoren sin estar dispuestos a salir de sus zonas de comodidad, sin percatarse del precio emocional y de tiempo, de los riesgos, del esfuerzo, dedicación, exposición al ridículo, torpeza, resiliencia, temores, dudas… que en general implica todo proceso de liderazgo, aprendizaje y cambio adaptativo.

Para fijar esta idea, comparto la siguiente historia de liderazgo que encontré en el libro Liderazgo sin límites (Leadership on the line) de Heiftetz y Linsky. La historia es una modificación de Sousan Abadian de “From Wasteland to Homeland: Trauma and the Renewal of Indigenous Communities in North América, publicada en la tesis doctoral que presentó en 1999 en la Universidad de Harvard. Los nombres fueron cambiados para mantener la confidencialidad. Es un poco extenso, pero no dudo que te será grata y valiosa la lectura.

Maggie Brooke se crió en una pequeña reserva indígena norteamericana en la cual casi todos los que eran mayores de 12 años bebían alcohol. Tras dejar la bebida con ventitantos, pasó más de una década conduciendo a su pueblo hacia la salud y sobriedad. Ahora, a los 40 años, como anciana de su tribu y abuela, Maggie recibe en su hogar un flujo incesante de visitantes durante toda la jornada. Una tarde le contó a uno de ellos la historia de Lois, la mujer que la inspiró para intentar hacer algo sobre la dependencia del alcohol entre su gente:

“Hace veinte años solía trabajar de niñera para Lois, que vivía en una zona vecina dentro de nuestra tribu. Una vez por semana caminaba unos kilómetros hasta su comunidad y cuidaba de los hijos de Lois. Pero después de dos meses empecé a preguntarme qué podría estar haciendo Lois cada martes por la noche. Entonces, en esas aldeas no había mucho que hacer. De modo que una tarde, después de que Lois se fuese, vestí a los niños y fuimos a la choza para averiguar lo que estaba haciendo. Miramos en la tienda a través de una ventana y vimos un círculo de sillas, todo perfectamente organizado, con Lois sentada en una silla completamente sola. Los asientos del círculo estaban vacíos.

Sentí una gran curiosidad, ¿sabe?. Por eso, cuando Lois volvió a su hogar esa noche, le pregunté: “Lois, ¿qué haces cada martes por la noche?”. Y ella respondió: “Creía que te lo había dicho hace semanas; he asistido a varias reuniones de AA (Alcohólicos Anónimos)”. Volví a preguntarle: “¿Qué significa que has asistido a reuniones? Esta noche pasé por allí con los niños y miré a través de la ventana. Te vi sentada en ese círculo de sillas y completamente sola”.

Lois parecía tranquila. “No estaba sola”, dijo. “Estaba allí con los espíritus y los ancestros; y un día nuestra gente vendrá.”

Lois nunca renunció. “Cada semana colocaba esas sillas en un círculo y durante dos horas simplemente se sentaba allí.

Durante mucho tiempo nadie acudió a esas reuniones, e incluso después de tres años sólo había unas pocas personas en la tienda. Pero diez años más tarde el lugar estaba repleto de gente. La comunidad empezó a transformarse. Las personas empezaron a apartarse del alcohol. Me sentí tan inspirada por Lois que ya no podía sentarme y ver cómo nos envenenábamos.”

Lois y después Maggie dejaron la bebida, y luego desafiaron a sus amigos, familiares y vecinos a cambiar y renovar sus vidas. Liderar estas comunidades requería un extraordinario examen de conciencia, perseverancia y coraje. En su historia nativa abundaban los líderes y algunos de ellos, con buena fe, habían obligado a las tribus a renunciar a sus costumbres familiares y fiables, y ahora a estas comunidades se les pedía cambiar nuevamente, sin razones para pensar que las cosas llegarían a ser mucho mejores.

Lois y Maggie estaban pidiendo a la gente que afrontara el cambio que discurre desde el estremecedor consuelo del alcohol y el gran esfuerzo de renovar sus vidas diariamente. No habría progreso hasta que dejaran atrás su dependencia del alcohol. Pero a la tribu le resultaba extremadamente difícil renunciar a su estilo de vida, especialmente por una idea intangible acerca de su futuro. Se habían opuesto antes cuando otros les habían obligado a cambiar sus estilos de vida, y combatieron a Lois y Maggie.

Las dos mujeres fueron ridiculizadas y marginadas. Pasaron años sintiéndose fuera de lugar en sus propias comunidades, mal recibidas en las reuniones y encuentros donde fluía el alcohol, tan excluidas que incluso las fiestas llegaron a ser acontecimientos tristes y solitarios para ellas. De hecho, durante mucho tiempo pasaron los fines de semana fuera de la reserva para así encontrar personas con quienes poder hablar. Se habían arriesgado y también arriesgaron sus relaciones con los vecinos, los amigos y la familia. Finalmente, tuvieron éxito y sobrevivieron. Pero durante mucho tiempo no imaginaron que lo tendrían. Pudieron haberlo perdido todo.

Así que si quieres ser líder, entonces asume el costo que esto implica y persevera, que tal vez, luego de invertir algunos años de dedicación continua, de avances y retrocesos, de dudas y tentaciones, logres tu cometido…

Te dejo un abrazo y espero tus comentarios.

Selección realizada por Andrés Ubierna

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June 07 2011

22:30

Liderar es una tarea riesgosa

jfk crimenEl ejercicio del liderazgo es una tarea peligrosa, expuesta al “ataque” de los demás. Porque es común que la gente se sienta amenazada cuando desafiamos, por ejemplo, la coherencia con la que viven los valores que declaman, o sus creencias o sus hábitos.

Lo más frecuente es que traiga a este espacio los aspectos inspiradores, de compromiso y de conciencia vinculados al liderazgo, pero hoy me interesa dejar sembradas algunas ideas sobre los riesgos que conlleva decidir ante ciertas circunstancias intervenir en el sistema para influenciarlo, inspirarlo y activarlo tras la consecución de un futuro que consideramos mejor.

Hablando desde lo personal,  sobre el trabajo que realizo, tengo presente algo que viví hace unos días…

Fue arriesgado, en el rol de facilitador que intenta liderar el aprendizaje de un grupo de directores, pararme frente a ellos y decir explícitamente que me distraje y no fui consciente de la molestia que sentí ante la forma en que respondieron a cierta dinámica que los estaba invitando a realizar, reconocer que me equivoqué, que no logré ser coherente con lo que les estaba enseñando, porque reaccioné inconsciente de lo que hacía, y ofrecerles mis disculpas.

Fue peligroso, pedirles luego que además de señalar con agudeza mi propia incoherencia y “la paja en mis ojos”, se metan consigo mismos y descubran “las vigas en los suyos”.

Tuvo sus riesgos desafiar a estos directores para que, si bien es claro que fui responsable de lo que interpreté y experimenté con lo que dijeron y la forma en la que respondieron a mi propuesta, asuman que ellos tuvieron algo que ver con lo que me pasó, que si realmente quieren comunicar mejor y con más empatía es necesario que se percaten de que uno de los posibles efectos de su forma de hablar es una experiencia de dolor ajena y que ese dolor les tiene que importar. Corrí riesgos al pedirles luego que si deseaban aprender algo de lo sucedido, era necesario que descubran cómo es que algunos de ellos contribuyeron a que yo sienta el dolor que sentí. Tuvo sus riesgos hacer todo esto, pero valió la pena.

Uno de los libros que más me enriqueció en relación a este tema es Liderazgo sin límites (Leadership on the line) de Heiftetz y Linsky. Así que dejo aquí algunas líneas que seleccioné de su introducción como para empezar a calentar motores e invitarlos a compartir sus propias reflexiones.

  • Cada día surge una oportunidad de liderazgo:
  • Un padre apela al mismo viejo argumento destructivo a la hora de la cena, pero un día se aparta de la costumbre y pide consejos a su familia.
  • Un vecino contempla a un muchacho adolescente que va por la calle sumido en la confusión luego de que falleciera su madre, y organiza un café con los padres del barrio a fin de buscar formas de brindar apoyo al padre y al resto de la familia de este joven.
  • En una reunión de trabajo usted observa que los participantes evitan abordar los problemas reales y decide ponerlos sobre la mesa.
  • Cada día le ofrece oportunidades de plantar desafíos importantes, hablar de los más altos valores y hacer surgir conflictos no resueltos.
  • Cada día usted tiene la posibilidad de influenciar cambios en la vida de las personas que le rodean.
  • [Cada día puede decidir meterse con usted mismo reconocer sus errores e invitar a otros a hacer lo mismo para poder superarse.]
  • Y cada día debe decidir si hacer su contribución o contenerse para evitar molestar a alguien y dejar pasar otro día. Tiene razón en ser cauteloso. La prudencia es una virtud. Puede molestar a otros cuando… cuestionar la brecha que existe entre los valores y sus conductas, o cuando les pide que afronten realidades difíciles. Corre el riesgo de molestar a las personas y hacerse vulnerable. Ejercer liderazgo puede causarle muchas dificultades.
  • Liderar es vivir peligrosamente porque cuando usted ejerce liderazgo, cuando guía a las personas a través de un cambio difícil, desafía lo que ellas más aprecian: sus hábitos cotidianos, sus herramientas, sus lealtades y su manera de pensar, quizás sin poder ofrecer a cambio otra cosa más que una posibilidad.
  • Las personas se echan atrás cuando usted altera el equilibrio personal e institucional que ellas conocen. Y se resisten de maneras creativas e inesperadas buscando apartarle de la escena: excluirlo, debilitarlo o eliminarlo.
  • A pesar de lo amable que sea su estilo, de lo cuidadosa que sea su estrategia, de lo seguro que pueda estar del camino escogido, liderar es una empresa arriesgada. Pero, aunque peligrosa, es una empresa que vale la pena.
  • Nuestras comunidades, organizaciones y sociedades necesitan personas que, donde quiera que trabajen y vivan, acepten los desafíos en lugar de quejarse por la falta de liderazgo.

Por Andrés Ubierna

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